Ninguno habló con los policías de a pie, los escribientes de los tribunales, los custodios de las cárceles, las victimas del malandraje, e incluso con los malandros, generalmente en la calle, pero ninguno habló también con los presos, inocentes y culpables. Ninguno consultó notables juristas, criminólogos y criminalistas e investigó personalmente algunos éxitos notables, recientes y pasados, cercanos y lejanos, en este delicado asunto.
Y ninguno ha sacado en claro ciertas cosas:
1. No hay suficientes tribunales, ni suficientes cárceles, y los que hay están sobrecargados y funcionan mal.
2. Es posible que tengamos suficientes policías, pero es seguro que no están suficiente dotados ni apropiadamente pagados en promedio.
3. Los delincuentes estiman riesgos y notan que estos se han reducido para su actividad. Es decir que son razonablemente optimistas en cuanto a su posible impunidad porque la experiencia respalda ese optimismo... debido a las dos razones anteriores.
4. La guerra a la droga, perdida por quines la declararon es el mejor negocio de las mafias criminales, y llena las cárceles y tribunales –insuficientes de por sí– de simple consumidores y distribuidores menores, en tanto que la violencia criminal asociada a cualquier operación ilegal de alta rentabilidad se incrementa y la corrupción de las grandes mafias internacionales enriquecidas por la prohibición son ya un serio problema por su creciente influencia política.
Así que ninguno se está planteando seriamente un programa federal de emergencia –que requiere de la aplicación coordinada de reformas legislativas y medidas ejecutivas– en materia de seguridad, que empieza por triplicar en 24 meses el número de instalaciones carcelarias así como de tribunales penales; y en el mismo tiempo instaurar en todas las comunidades Jueces de Paz electos por los ciudadanos pero pagados y dotados por el presupuesto federal, implica inmediatamente despenalizar y reglamentar seriamente ciertas drogas recreativas ilegales, sometiéndolas a los mismos controles de las drogas recreativas legales como el alcohol y el tabaco, requiere de una Ley Nacional de Policías realmente federal –que es lo contrario de una Ley de Policía Nacional centralista– creando una policía federal de investigación y fortaleciendo las policías municipales y estadales en sus funciones propias, y concluye con un indispensable incremento de la dotación, formación y operatividad de todo el personal policial y judicial.
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Ante la avalancha de candidatos socialistas ¡todos! y sus discursos populistas irracionales e irresponsables ¡todos!, los liberales venezolanos rechazamos la abstención o el voto nulo por ineficaces, y exigimos al CNE que facilite el ejercicio del derecho a votar por Ninguno de forma participativa y protagónica. Porque siendo todos los candidatos socialistas, Ninguno merece que se le tome en serio.